… de tuercas encontradas por casualidad… desde hace unos dos años ando encontrándome los tuercas mas diversas en los lugares mas insospechados, sin buscarlo…
igual son las que se le van cayendo a la gente poco a poco… de la cabeza
El ser humano está sumido en una gran enfermedad, y es, que se está volviendo imbécil.
Si, ser un retrasado mental hoy en día es fácil, no tienes mas que dejarte llevar por el hilo conductor de la sociedad.
La terapia a seguir es sentarse placidamente delante de una tele por ejemplo y echarle horas…cuantas mas mejor. A la vez, hay que dejar de pensar…es fácil. Poco a poco uno irá notando como empieza a encontrarse bien pues la neurona que nos hacía pensar, al ser abolida, deja paso a toda una sarta de estímulos que nos van creando necesidades y nos dicen que es lo que tenemos que hacer en cada momento, lo que hay que pensar, lo que hay que escuchar…vamos que nos evita el esfuerzo de decidir por nosotros, así todo es mas fácil.
Quiero aclarar que no se trata de una crítica hacia este aparato, este solo lo tomo como un ejemplo muy significativo de la tontería humana que no sabe usar inteligentemente la tecnología.
No es que esté en contra de la tecnología en general sino más bien hacia el uso que hacemos de ella, de algunos inventillos que hacen que sin darnos cuenta nos estén (perdón a los pobres animalitos que no tienen la culpa) aborricando, para que nos entendamos. Hoy hasta te cepilla los dientes un aparato, ya no tienes que mover la muñeca. Esto me preocupa. Donde llegaremos? Ya me veo en el futuro cuando se de el caso de un apagón eléctrico…no sabremos ni encender una vela pues no encontraremos el interruptor.
Lo malo de todo esto, y además, es que en la era de la comunicación ( que paradoja!), el hombre se está aislando cada vez mas, uno se encierra en su mundo, junto a la play station y se hace amigos virtuales. Todo empieza por los niños,bueno, más bien por los padres de estos niños, que ya no disfrutan con sus hijos. Los adultos viven ahora demasiado ocupados en sus cosas, hay que trabajar mucho, y por eso hay que llevar a los niños con su fardo escolar lleno de cachivaches merchandisticos a la espalda a todas las actividades posibles ya que no podemos pasar rato con ellos pues estamos muy ocupados.
Aún recuerdo esos domingos lluviosos en los que con mi padre nos íbamos de excursión a pisar charcos, y las risas a volver a casa embarrados. O esos juegos en la playa en los que mi padre, como un niño más, se rebozaba con nosotros como una croqueta acabando de arena hasta las cejas. Esto hoy es casi impensable no vaya a ser que se coja alguna enfermedad. Pues… estos momentos son insustituibles para mi por una clase extraescolar.
Se van perdiendo tantas cosas…Me apena cuando veo que la gente ya no puede hablar de libros que no sean best-seller, eso si pueden hablar de alguno, claro; de música que no sea la de los “40 principales”…todo se reduce al máximo, la neurona ya no rebota. Y ya nos hemos vuelto tontos.
Yo busco y busco, me niego a pensar que soy la única que tiene esta sensación. A mi me invade una profunda inquietud que no me suelta, quiero saber, aprender, me falta tiempo para hacer y aprovechar cada minuto de mi vida intensamente con los míos. Y a la vez intento encontrar en las personas un atisbo de rebeldía, de desacuerdo con lo establecido, pero real, no solo de boquilla, de ideas pensadas por uno mismo, de principios creados, busco sorprenderme.
No pierdo la esperanza….yo seguiré con mi lucha personal.
Me estoy releyendo el genial libro de Italo Calvino, “Las ciudades invisibles”, y, aunque no me gusta normalmente copiar, os escribo uno de los cuentos sobre una de estas ciudades que podemos trasladar a muchos otros aspectos…
Es un libro genial que recomiendo ya que cada cuento es toda una metáfora, además de sus geniales descripciones…para los que tenemos memorias visual:
“No es feliz la vida en Raissa. Por las calles la gente camina torciéndose las manos, impreca a los niños que lloran, se apoya en los parapetos del río con las sienes entre los puños, por la mañana despierta de un mal sueño y empieza otro. En los talleres donde a cada rato alguien se machaca los dedos con el martillo o se pincha con la aguja, o en las columnas de números torcidas de los negociantes y los banqueros, o delante de las filas de vasos sobre el estaño de las tabernas, menos mal que las cabezas agachadas te ahorran miradas torvas. Dentro de las casas es peor, y no hay que entrar para saberlo: en verano las ventanas aturden con peleas y platos rotos.
Y sin embargo, en Raissa hay a cada momento un niño que desde una ventana ríe a un perro que ha saltado sobre un cobertizo para morder un pedazo de polenta que ha dejado caer un albañil que desde lo alto del andamio exclama:-Prenda mía, déjame probar!- a una joven posadera que levanta un lato de estofado bajo la pérgola, contenta de servirlo al paragüero que celebra un buen negocio, una sombrilla de encaje blanco comprada por una gran dama para pavonearse en las carreras, enamorada de un oficial que le ha sonreído al saltar el último seto, feliz él pero mas feliz todavía su caballo que volaba sobre los obstáculos viendo volar en el cielo un francolín, pájaro feliz liberado de la jaula por un pintor feliz de haberlo pintado pluma por pluma, salpicado de rojo y de amarillo, en la miniatura de aquel libro en que el filósofo dice: -También en Raissa, ciudad triste , corre un hilo invisible que enlaza por un instante un ser viviente a otro y se destruye, luego vuelve a tenderse entre puntos en movimiento dibujando nuevas, rápidas figuras de modo que a cada segundo la ciudad infeliz contiene una ciudad feliz que ni siquiera sabe que existe”.
Me encantan los aeropuertos; bueno, en realidad todos aquellos sitios donde se cruza la gente mas diversa…
Estaba hace poco en un aeropuerto haciendo lo que mas me gusta en estos sitios: observar a la tribu de seres allí conglomerados.
Como un juego, al mirar no puedo controlar la imaginación.
Un hombre orondo que con inmenso placer engulle un bocadillo de dimensiones descomunales junto con una cerveza de iguales proporciones, rojo del esfuerzo y del calor que desprende la humanidad allí reunida…
Al lado, pegado a él, el que debe de ser su hijo…el cual va por el mismo camino, con un donut gigante y pegajoso.
Más atrás, dos viajeras blanquecinas y rubias (lo que se dice unas “guiris”), con unos gorritos ridículos de orejas de Mickey, charlan animadamente.
A mi lado, un joven, que se ha quedado frito, lanza ronquidos alternativamente tras el libro que se sostiene a duras penas en las manos.
Cerca, la mujer de la limpieza, francesa pero de raza africana, va arrastrando el carrito hacia los baños con cara amable y mirada cansada.
A la derecha, una pareja de “yuppies” ejecutivos con sus portátiles y teléfonos I Phone hacen un examen exhaustivo de todo el sexo femenino allí presente.
Más lejos se acerca una pareja de ancianos. Él delante, ni un solo pelo en la cabeza ni en la cara, piel exageradamente blanca, nariz puntiaguda y aguileña, mirada dura. Lleva un colgante en forma de escudo…podría pasar por un exmilitar nazi.
Su mujer, detrás, lo sigue con andar miedoso. Él, ve un sitio y se sienta; ella, se queda de pie, mira con duda, para ella no hay sitio, se va a los servicios…
…Y muchas cosas más se ven en un instante…
Hace un rato que llaman por el megáfono al dueño de un equipaje abandonado, no le había dado importancia hasta que de pronto se llena la sala de guardias que cercan todo. Nadie puede entrar ni pasar…esa maleta olvidada puede ser otra cosa…momentos de silencio, protestas, murmullos, nadie entiende…pero entran dudas… ¿y si es algo?, ¿Y si estalla? ¿Y si se acabó todo?…muchas coincidencias….después, ya dentro del avión…tardamos en despegar…buscan a un hombre sospechoso…
Ahora me río…pero en esos momentos, dentro del avión, en la penúltima fila (donde los asientos parece que son todavía más compactos y falta el aire para respirar) apretujada en menos de medio metro cuadrado, no puedo evitar pensar: ¿Y si esto es el final? ¿Ya se acabó?….así… ¿en un momento?…podría pasar…quien lo iba a decir…volar ahora todos por los aires…
Pero no, el avión despega, las luces apagadas,…ya veo la torre Eiffel iluminada y el horizonte lleno de luces como un cielo salpicado de estrellas en verano…y entonces se van todos los temores…en un instante.
Cerca de mi casa se reúnen unos niños a bailar en la calle…Así los descubrí:
Salía a la calle el otro día, a pasear con mis fierecillas cuando escuché una música funky genial…me acerqué…eran un grupo de chicos de varias razas bailando break-dance, o lo que fuera…al ritmo de la música. No pude evitar sentarme allí a quedarme a verlos…eran geniales…se movían cada uno con su estilo al ritmo de la música…como si ésta sacudiese sus cuerpos y se hubiese apoderado de los mismos….era baile en estado puro…sin vicios ni predisposiciones…únicamente se dejaban llevar por la música…en el fondo me daba una especie de “envidia sana”…!
Desde entonces siempre que puedo me acerco a verlos…ya me conocen…era su única espectadora y ahora se va parando mas gente…
Estaba allí viéndolos (aprovechando que de paso mis bichos se quedan embobados mirándolos) …y a la vez pensando sobre ese gran poder que tiene la música…yo creo que es algo vital en nuestras vidas, que siempre nos ha acompañado y siempre lo hará…ya sea al despertarse por las mañanas cuando nos predispone ya, a lo que será un nuevo día, al acudir al trabajo o mientras vas por la calle, o simplemente esa buena música que escuchamos por el mero hecho de disfrutar de ella…
La buena música tiene eso…aporta ese pequeño toque a la vida…una chispa de color en los días grises, el toque romántico o melancólico según el momento…pero siempre está ahí…
Para mí, la música tiene (al igual que otros estímulos como los colores, lo visual…o los olores) un gran poder sobre los sentidos y la emoción…es capaz de hacerme llorar, temblar, sin saber porqué…al igual que puede alegrar un día triste y hacerme sonreír…hasta hacerme bailar…
Por eso admiro y valoro mucho a todos aquellos que son capaces de crear música (cuando digo música hablo de la buena, claro!) ya que no saben el poder que tienen sobre nosotros…el resto de mortales la disfrutamos…
Por eso yo recomiendo además de abrir los oídos, también el corazón…además todos los demás sentidos,…pararse un rato a escuchar,…no oir,…sino escuchar…música de la buena…de todo tipo…no cerrarse en lo mismo de siempre y contentarse con lo que nos ponen,…porque hay mucho, muchísimo que descubrir por ahí fuera…
Es lo que nos faltaba…ahora podemos hacer deporte desde el sillón…ya desde hace algún tiempo se veía venir, cada vez son mas los aparatejos de último modelo para entretener a los niños (y no tan niños), porque parece que no sepamos distraernos de otra forma. Ahora ya se han pasado…se barajan mil excusas, pero mas bien es la comodidad de deshacerse de alguien por unas horas, o de desconectar el cerebro durante un rato (rato que se va extendiendo)…y sobretodo una forma fácil de perder el precioso tiempo…
Como estos hombres grises de la tecnología no se habían apoderado aún de todo el mercado (ya que aun quedamos gente que prefiere hacer otras cosas)…ahora se han ido a por los amantes del deporte, ya que como ahora está de moda, es un sector importante.
Ya se puede jugar al tenis en zapatillas de andar por casa, al futbol sin rasparse las rodillas, al baloncesto sin rozarse con nadie, jugar al tenis con la pantalla de televisión…que triste!…todo ello simplemente con unos movimientos de dedo…
Donde llegaremos…miedo me da pensar en el futuro, y mas, en el de mis 2 angelitos…que harán en una sociedad en la que se fomenta, como decía mi padre los niños “mantequillosos” blanditos y débiles ante el constante machaque de la fiera consumista…creo y confío en que sabrán hacerle frente.
Desde luego, las pobres víctimas no saben lo que se pierden….yo que soy corredora (cuando puedo), no puedo sino alabar este deporte, el auténtico.
Es indescriptible la sensación de correr por el bosque, la playa o el campo, o simplemente por un parque en la ciudad…sentir el frescor de la noche o las primeras horas de la mañana, el ritmo del corazón guiándote, las piernas casi volando…estos, son momentos de una libertad indescriptible…además de la paz y positivismo que inunda tu mente. El tiempo se detiene…solo escucha uno mismo el sonido de su respiración y se entra en un estado de introspección donde uno puede meditar, hacer balance de su vida…en fin…puede pensar un poco.
Todo esto aunque pueda parecer exagerado y demasiado bucólico, es la realidad de lo que me aporta este deporte, y dudo mucho que me lo pueda dar una maquinita (de todas formas no lo intentaré)…
La única ventaja….si, luego no tienes agujetas….únicamente se puede coger una artrosis de dedo, además de una atrofia cerebral.